lunes, 8 de noviembre de 2010

El gran negocio de la alopecia


Los dermatólogos desprecian la efectividad de la mayoría de los productos contra la caída del cabello y advierten de que solo existen dos fármacos que funcionan.

Jorge Casanova
La Voz de Galicia
Fecha de publicación:
10/10/2010

«Afortunadamente, la gente se ha ido dando cuenta de que el médico del pelo es el dermatólogo y no el farmacéutico o el peluquero», expone Hugo Vázquez Veiga, dermatólogo del Hospital Universitario de Santiago. Pese a que la experiencia de estos especialistas en Galicia refleja un aumento de las consultas por alopecia, lo cierto es que la evolución del mercado ha saturado las estanterías de los comercios de productos que se promocionan como efectivos contra la caída del cabello. «Mire, yo estoy hablando de medicina, sobre el resto no merece la pena pronunciarse», responde el jefe del servicio de dermatología del Hospital A Coruña, Eduardo Fonseca, cuestionado sobre la eficacia de todos estos productos.

Hay un consenso generalizado en la profesión médica sobre los tratamientos adecuados para combatir la calvicie más común: la androgenética. «Existe un tratamiento tópico, el minoxidil y otro oral, el finasteride. Son dos medicamentos aprobados y que han demostrado su eficacia tras un largo proceso. El resto es cosmética» señala el doctor Vázquez. Y la hay de todas las marcas y precios variados, aunque la mayoría, curiosamente, superan el coste de los tratamientos que indicaría un dermatólogo.

70% de efectividad
El finasteride, un compuesto investigado para la inflamación de la próstata y que se mostró eficaz en la regeneración del cabello, tiene un coste que ronda los cincuenta euros al mes; el minoxidil, no llega a los 50. Ninguno de los dos está cubierto por la Seguridad Social, aunque el finasteride sí se prescribe y recibe cobertura pública para enfermos de próstata. La eficacia de estos fármacos ronda el 70% en la contención de la caída. Mucho más de lo que pueden aportar los eslóganes que acompañan a toda esta producción cosmética y cuyos tratamientos rara vez bajan de los 40 euros.

Pese a que los médicos niegan que el otoño tenga que ver con una mayor intensidad en la caída del cabello, lo cierto es que se trata de un momento álgido en la temporada: «Se nota mucho -explica una farmacéutica de Cambre- en esta época del año. Es cuando más se pregunta y más se vende».

-¿Y diría que estos productos son efectivos?

La farmacéutica se encoge de hombros. Eso sí, admite que no vendería sin receta a ningún cliente cualquiera de los dos fármacos que los dermatólogos prescriben contra la alopecia.



Farmacias, droguerías y perfumerías son los establecimientos donde se concentra la venta de productos anticaída, incluso los que prometen la regeneración del pelo. La mayor parte de las firmas más importantes de cosmética presentan una variada panoplia salpicada de componentes exóticos, que van de la quinina a la cafeína, pasando por todo tipo de frutas, especialmente en los champús que tienen, obviamente, un recargo en el precio. ¿Cómo es posible que con una eficacia tan discutible sobreviva un negocio tan extenso? «Hay alopecias que se corrigen ellas solas -aclara el doctor Fonseca-. Algunas provocadas por el estrés o, en mujeres, tras el parto. Supongo que algunos productos milagro están basados en casos de ese tipo».

Los dermatólogos consultados confirman que actualmente la medicina está en disposición de garantizar que un individuo sometido a la alopecia androgenética, aquella que responde a patrones familiares, puede conservar el pelo mucho más tiempo del que lo conservó su padre. Con todo, la caída del cabello puede provenir de múltiples causas y ser un síntoma de una patología más grave: «Por eso, lo primero que hay que hacer es un diagnóstico para averiguar las causas y luego se aplica el tratamiento», apunta el dermatólogo del hospital coruñés. La sanidad pública acude incluso a la cirugía para abordar algunos casos específicos, como cicatrices

Ser calvo, una tendencia de moda
«Antes, ser calvo era un horror y un síntoma de vejez. Ahora es una tendencia de moda. todos los modelos incluyen en sus books imágenes con cabeza rapada, incluso afeitada», comenta el diseñador y estilista gallego Ángel Nimo, que acaba de presentar en Madrid su primera colección de moda. «El pelo rapado le queda bien a casi todo el mundo -explica-. Lo que sí resulta antiestético son los intentos de tapar la calvicie», el estilo Anasagasti.

La reinterpretación social de la calvicie no ha mermado los complejos: «Siempre hay gente que se preocupa constantemente por su pelo, también en el mundo de la moda, pero ser calvo no cierra puertas. En las mejores tiendas de Madrid, los dependientes suelen ser calvos o estar rapados. Está muy de moda. Aquellos flequillos con vida propia ya no se llevan», confirma Nimo, quien admite que «para los que tenemos poco pelo, es una tendencia que nos favorece».



Sesiones quincenales de mantenimiento o implantes quirúrgicos a 1,7 euros el pelo. Primera consulta en una clínica capilar

Misión imposible: recuperar el pelo perdido sin pasar por el dermatólogo. Ejercicio: visita a una clínica privada en una ciudad de Galicia que no es Vigo ni A Coruña. La página web contiene las suficientes promesas y palabras ininteligibles como para irradiar confianza, así que doy el primer paso, pedir cita. No es sencillo. Me la dan para tres días después de la llamada telefónica: «A ver si le puedo hacer un hueco».

En el cartel del portal, además de «clínica capilar», el rótulo incluye la palabra «peluquería». Pero no me arredro. Subo y aguardo menos de cinco minutos en la sala de espera, donde se pueden observar varios diplomas correspondientes a cursos y seminarios de tricología, término que desconocía hasta la fecha, que no encontraré en el diccionario de la RAE y que significa estudio del cabello.

Una señorita muy amable vestida con bata verde quirófano me lleva a un despacho donde le explico brevemente mi intención de abandonar el mundo de los semicalvos. «Primero lo voy a mirar con una microcámara», me dice. En realidad, la microcámara es un pequeño escáner que la señorita me pasa por la coronilla y cuya imagen yo puedo ver en la pantalla: mi calvicie ampliada ad infinitum . «¿Lo ve? Aquí no tiene ya ni poros». El desierto del Gobi, la superficie de Júpiter. El escáner transita hacia mi frente y por la pantalla se vislumbra algo más de vida. «Por aquí le queda poco pelo, pero es fuerte», va narrando la especialista, que me explica (no hacía falta) la gran distancia que hay entre pelo y pelo. El destino final vuelve a traer malas noticias: «Aquí, en las entradas, el pelo es poco y muy débil».

Tras el insólito y descorazonador enfrentamiento con mi alopecia, la señora me pone las cosas claras: «Donde no tiene pelo, nunca lo va a poder recuperar. Aquí no lo vamos a engañar». Buena estrategia, en un sector con tanta leyenda negra, descartar a la primera la posibilidad de un milagro es sin duda, un acierto. Sin embargo, aún queda mucho que ofrecer: «Lo que sí es posible es conservar el pelo que le queda».



Festival tecnológico
A partir de ahí comienza el despliegue tecnológico: ozonoterapia, vacuoterapia, láser... Todo para mantener lo que hay: una sesión cada quince días, 28 euros por sesión, entre cuarenta minutos y una hora cada una. Así durante un período no inferior a seis meses ni superior a un año. A partir de ahí, las sesiones de mantenimiento ya son al gusto del consumidor que, aunque en menor medida, seguirá perdiendo pelo.

-¿Y los implantes?

Mi interlocutora mantiene el tono de aquí-no-engañamos-a-nadie y me enseña un álbum de fotos con calvas menos calvas gracias a los implantes que realiza el grupo en una clínica que está en otra provincia. Se refiere siempre al asunto como «cirugía», recalcándome varias veces que es una cirugía y me advierte de que, con una, se sigue siendo menos calvo, pero que no se tiene melena. «Aquí tenemos un cliente que ya va a por la tercera». Cada vez le extraen no menos de tres mil cabellos de donde tiene y se los implantan donde no tiene en una operación que dura unas dos horas. Al final de la explicación me dice el precio: 5.200 euros. Entre tres mil, sale a más de 1,7 euros el pelo. La señora pone cara de entender que regresar a los tiempos del peine y el cepillo no está al alcance de cualquiera. Así que no insiste cuando le digo que me lo voy a pensar. «Si tiene cualquier duda, llámeme por teléfono».

-¿Qué le debo?

-Treinta euros.

Moverse por el mundo capilar requiere firmeza económica. Pago y me voy más ligero después de mis cinco minutos de microcámara y mi breve charla de iniciación a la tricología. Al fin y al cabo, en cien años, todos calvos.

2 comentarios:

Doff dijo...

Cuidado con el Finasteride para la alopecia andrigénica. Puede pruducir efectos secundarios irreversible en el sistema Endocrino.

MARBEL dijo...

Gracias por la aportación. ¿Es usted especialista en el tema?